Carcoma - Layla Martínez Iniciando el año leí "Carcoma" de Layla Martínez, es bastante corto, lo termine en dos días. La mayor parte del libro sentí lo que sentían, odio, odio por los demás y por uno mismo, porque te recuerdan lo que eres o lo que nunca serás. Uno nace pobre y muere pobre, pretendiendo saborear los pequeños placeres que te hacen sentir de un estatus económico mayor al resto, cuando no lo eres. El libro tiene razón, uno no nace con odio, lo adquieres cuanto te humillan con desdén, cuando ves que eres y como de distinto eres. He incluso, refleja que la pobreza no solo es falta de dinero, si no también la falta de oportunidades educativas, laborales, y la exclusión que se deriva de esta. El libro en síntesis , habla de 4 generaciones de mujeres de la España antigua, que intentan mantener el orgullo y honor inexistente con el que comenzó todo. Además de ellas, también tenemos como protagonista a la casa y los espíritus que habitan en ella. Ambas, casa y mujeres...
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Segundo libro que leí, Heaven de Mieko Kawakami , siendo sincera no me movió el piso y hasta se me hizo aburrido. La historia va de un alumno de secundaria(? bueno tiene 14 años y cursa estudios, tiene una característica por la cual se cree que le hacen bullying, sus ojos bizcos. A lo largo de los capítulos este estudiante sin nombre nos narra los abusos que vive y como no hace absolutamente nada para detenerlos, no se defiende, no habla con un adulto, no expresa ningún no, solo esta callado como pendejo dejando que lo pendejeen. Dentro del aula, una compañera pasa lo mismo que él, por ser una chica sucia, de piel morena y fea, pero ella es molestada por otras niñas, no por sus bullies. El punto es que se hacen amiguis por cartas y todo lo que platican son cosas lindas, sus sentimientos, hobbies y demás, no hablan acerca del maltrato que reciben, parece que solo quieren tener un momento agradable por fin en su vida. El protagonista nos habla un poco más de su vida, del aband...
La sociedad del rendimiento En la actualidad, nuestro explotador ya no es únicamente el empleador, sino también nosotros mismos. Esto se explica a partir de la forma de organización social en la que vivimos: La sociedad del rendimiento. En ella, bajo el discurso de que “nada es imposible”, se instala la idea de que todo es posible y depende exclusivamente del individuo. Así, si una persona no alcanza sus objetivos, se asume que no supo gestionar adecuadamente su tiempo, su interés o su voluntad. ¿No lo lograste? Entonces es tu culpa. De este modo, la violencia ya no proviene de una imposición externa, sino de un exceso de positividad. Esta se manifiesta como una libertad paradójica, en la que el progreso aparece únicamente como logro individual, pero también como una responsabilidad y carga del propio sujeto. Todo gira en torno a la idea de “yo puedo lograrlo”. En consecuencia, nos convertimos en nuestros propios explotadores al imponernos niveles cada vez más altos de rendimiento. Nos...
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